TE HABLO DESDE DONDE DUELE
Que
hoy escribo con tintes diferentes ―o quizá con el mismo, según como me veas―. El
suave sonido del fuelle de un acordeón traspasa las bocinas del estudio,
mientras viste a esta tarde que se torna noche, con esas nubes tan densas y
grises que anuncian lluvias. He tomado mi tiempo para escribir estas líneas, pero no
disminuye el peso de las palabras ni resta importancia a los pensamientos.
Estos
días han sido algo dificiles para mí ―lo digo desde la honestidad y el
anonimato que ofrecen lugares como este, pero no para buscar compasión, sino
para reconocerme en lo que digo―, sin embargo, confieso que siempre encuentro
consuelo en un dramaturgo y filósofo español, quizá lo conozcas: Antonio Gala. Algo
en él resuena en mi interior.
“He sido vulnerable. He sido fácil de herir… he sentido como muy hondas heridas que para otros hubieran pasado inadvertidas.”
- ANTONIO GALA
Cuando
lo leo, es como reconocerme en esa infancia oculta que pocos conocen y
muchos podrán entrever en las líneas. ¿Qué si es depresión? ¿Qué si es
ansiedad? ¿Qué si es sobrepasar el pasado y perderse en los recuerdos? Quizá,
no mentiré: no lo sé. Muchos no sabemos las razones de por qué somos como
somos. Estamos moldeados de experiencias, vida que ha transcurrido, caricias de
personas y amores que se van y vuelven a aparecer, perdidas que se convierten
en recuerdos, ilusiones que aun queman y escuecen cuando se convierten en
llagas flameantes. Y sí, quizá digo mucho y parloteo tanto, pero ¿no es esto
para lo que escribo en este lugar? Ese gran hombre, me enseñó que el alma se
puede desnudar, pero solo pocos podrán ver y entender ese despojo de la
armadura.
No
pretendo criticar a nadie, ni parecer que no puedo entender a quienes se
acerquen a mí, solo me muestro como soy. Soy cruda a veces, cínica en otras,
compasiva siempre, pero retadora muchas veces. Quizá por eso encontré en
Antonio Gala esa afinidad que me apena asimilar por faltarle el respeto a tan
gran hombre.
Si
incordio a alguien, de antemano pido perdón, no quiero hacer tal cosa, pero la
verdad de mis palabras es solo mía y quien quiera recogerlas estará bien.
Es
verdad lo que declaraba Gala, las heridas no siempre se muestran. Estoy tan
acostumbrada a los achaques del cuerpo que rara vez me atrapan con la guardia
baja, el problema es cuando se agravan y no dejan tregua. Estos días, todo lo
escribo y todo lo oculto para los ojos menos observadores. Lo callo porque así
lo prefiero, porque así lo llevo sola. No por falta de compañía, ni falta de
presencia de quienes tienen mi cariño, sino porque así lo he decidido.
¿Por
qué lo comparto hoy entonces? ¿Por qué sacarlo a relucir ante ti, desconocido
que me ha visto y me ha leído? Porque puedes estar en las mismas que yo. No
ofrezco consuelo de treinta segundos, ni de un minuto si pretendes negociar
conmigo para anestesiar el dolor y la desesperación que te aqueja. No soy de
reflexiones cortas, lo mío es lo extenso, lo prolongado como esas melodías de
acordeón que ahora suena en mis bocinas. Así que, sí, sigue leyendo que faltan
más líneas.
Estos
días muchas cosas pasaron, todo me lo callé y lo dejé guardado en el cofre de
los tesoros para usarlo después y escribir. Yo no adorno los párrafos, solos se
visten y ya verán si lo hacen bien o no. Tuve ese desgarro de reconocimiento en
que la realidad golpea como un mazo sobre el pecho. «¿Qué pasará con aquellos
que pierda en el camino? ¿Qué pasará cuando los vea partir y no pueda volver a
escuchar sus voces? ¿Qué haré el día que ya no pueda recordar el timbre de sus labios que calmaban mis noches de llanto? ¿A quién voy a recurrir para recordar
sus palabras si la memoria comienza a fallar?» Gala decía:
“Nacemos con el papel de amante o amado repartido… hay en cada relación, en último término, un devoto y un dios, un amo y un esclavo.”
“El amante tiene mejor prensa: es el que sufre, el que arriesga; el amado se queda desvalido cuando el amante se va, pues vive a través de la luz del otro.”
- ANTONIO GALA
Lo
mismo pasa, con quienes nos quedamos en la vida cuando los demás se van y no
pueden volver porque el aliento ya no sale de esos labios que nos consolaban
con palabras. No hay verdad más grande que saber que nos quedaremos varados
mientras vemos las cenizas de quienes se marchan. Eso me acongoja cuando las
personas representan tanto para mí. Eso afecta más de lo que me
gustaría admitir, pero el corazón es el corazón.
Mi
querido desconocido (o quizá conocido) que lea esto, has de saber que sigo
ofreciendo palabras; a veces no tan buenas, otras mejores. No ofrezco una
reflexión corta, pero si muchas palabras para hablar a tu alma, no a tus ojos,
no a tus oídos, no a tu cerebro ―que el cerebro sirve para pensar y analizar;
articular funciones corporales y químicas que luego hacen que el resto del
mecanismo funcione o se desgañite según sea tu actividad―. Has de saber que
puedo escucharte aun cuando solo me lees. Has de saber que siento como tú
sientes, vivo como tú vives, lloro como tú lloras… y me canso sobre las
rodillas en el suelo, como tú lo haces en las noches en que todo se desborda.
Tienes que saber que no necesitas consuelo, solo presencia, solo una voz que te
toque el hombro y diga «Venga, llora a pleno pulmón sin que nadie te vea, pero levántate
luego» Y no escribo esto para consolar, para decirte el cliché de «caer, pero
levantarse más alto» Eso se los dejo a los folletines. Levanta porque sigues
vivo, mientras hay aire en esos pulmones toca vivir, pero hacerlo de verdad. Si
quieres sobrevivir durante un tiempo, bien, pero en algun momento el sobrevivir
también cansa.
Si
mis palabras suenan vacías, lo entiendo, lo entiendo perfectamente, no todo lo
que se lee cala. Pero la realidad es lo que es.
“No soy pesimista. Soy un optimista bien informado.”
- ANTONIO GALA
Ya
lo dijo el guía ―Gala―, no soy pesimista, soy una optimista empedernida que
conoce la realidad y la ve con lentes claros ―no color rosa, no color gris―. Si
deseas aislarte más, adelante, es tu derecho. Si deseas dejarnos varados, como
el amante al amado, estás en tu derecho, es tu recorrido, pero al menos deja que
te acompañe en el tiempo que queda. Que estas palabras te sostengan como yo he
encontrado refugio en letras ajenas. Si de algo sirven los escritos que aquí he
depositado, al menos pude tenderte la mano mientras decías adiós. Fue un honor
y seguirá siéndolo, pero no pretendas que sea como otros que ofrecen compasión.
Nunca he sido así, aunque muchos entiendan que mi naturaleza es compasiva, es
comprensiva y empática, pero no confundan con lastima. No te ofrezco
limosnas, dedico palabras gratis y quizá no tan valiosas para
muchos. Este espacio que he creado desde la nada, desde la necesidad de
escucharme a mí misma, ahora es tuyo. No es el mejor, pero vamos que no estas
pagando alquiler [risa].
Encuentra
la reflexión que quieras en estos párrafos, es tuyo, es el pedazo que ofrezco
de mi interior, haz lo que desees con él.
Dedicatoria
especial:
«A todos aquellos amigos que llegaron sin avisar, que encontré sin pretender, que desean irse y yo quedarme para recordarlos. Para esos amigos sin rostro que permanecen en mi memoria y que solo sus voces son un consuelo para mis lágrimas.»

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