Algún Día
Hoy el cielo amaneció
llorando. Pequeñas motas cristalinas manchaban los ventanales de casa y el
domo, que enmarca el cielo, se ha teñido de gris. El viento frío se cuela por
todo el lugar dejando un rastro húmedo y denso. Agrio. He salido al balcón para
admirar la ciudad mojada por la lluvia matinal. Posadas mis manos sobre el
barandal, siento el agua y el óxido recorrer como cosquilleos punzantes mis
dedos. Las flores se ven más preciosas de lo normal como iluminadas por una luz
extraña proveniente de un sol oculto.
―Nunca nos dijimos nada―. Explico a la nada admirando el cielo.
Me quedo pensativa observando el horizonte. Las nubes plegadas comienzan a abrir paso a leves rayos dorados que dejan rastro luminoso en la textura algodonada. Termino por recostar los brazos sobre el barandal, mientras un viento frío atrapa mi cabello y lo desliza hacia atrás. «―Ojalá fueran esas manos que vi en aquella foto―.» Pienso sintiendo el corazón desbocarse sobre las copas de los cipreses lejanos en la calle.
Recuerdo el día en que pensé que serías mío porque sabía que yo sería tuya. Me dije tantas veces, mientras observaba la lluvia caer sobre el jardín en aquellos días de septiembre, que llegaríamos a ser viejos. Imaginaba las hebras plateadas de tu alma teñir tus cabellos. Hundiría los dedos en ellos y me aferraría a ti bajo esa luna cuarteada. Pensé en que me sostendrías con tus brazos y volverías a posar tu frente contra la mía. En respuesta levantaría mi rostro al cielo y posaría mis labios sobre tu frente y te devolvería la frase «Bueno, la mejilla se dice de muchas formas» y vería el reconocimiento y la emoción en tus ojos.
No teníamos nada, no creo que lo necesitásemos, pero sabíamos que la nada nos distanciaba ante dos mares de cielo que tratábamos de salvar con las palabras. Imaginaba el día en que pudiese decirte que solo nos necesitaríamos el uno al otro ¿Llegó ese día? Aún tengo la esperanza de que sea así, aunque solo sea al escribir estas miserables líneas que se perderán en el limbo del basto océano que nos separa.
Cuando escuchaba las melodías de la lluvia y tus palabras acalladas por el rumor de esta, nos veía ante un horizonte dorado. Sé que nuestra historia comenzó antes, mucho antes que aquella noche de luna que llevaba nuestros nombres, pero nos veía juntos frente a un sol partido por las olas del mar. Un viento fuerte nos azotaría para llevarnos como dos hojas secas a recorrer la vida. No pensé que las olas romperían todo y el silencio sería real. Ojalá aun exista el día en que pueda decirte «Algún día»


Comentarios
Publicar un comentario