Vísperas de un Camino

Podría estar en una camioneta rumbo a las llanuras, pero no, me encuentro atrapada en la ensoñación de una ciudad llena de cláxones redundantes que colman mi cabeza de aburrimiento y bostezos intermitentes. La tarde clarea por minutos, pero se enluta como esos ojos oscuros que vi en el marco de una foto. Labios carnosos y ligeramente húmedos se dibujan en mi mente. La comisura bien marcada y tus manos tras mi espalda.

Alguien misterioso, un poco lúgubre al final del camino de tierra, pero seductoramente travieso con esa mirada oscura. Quiero ir hacia ti, pero sé que no existes. Al abrir los ojos, encuentro el final del camino vacío con las ramas de los árboles resguardando tu visión. Me dejo caer sobre el suelo árido y observo con tristeza el corte de las ramas en el cielo azul. Un suspiro rotundo sale de mi interior y bajo la mirada―: Ojalá pudiera.

Me levanto silenciosamente, sin darme cuenta de que una silueta neblinosa me mira desde la distancia. Invisibles rasgos taciturnos me observan desde un espejo del tiempo. Una vieja casa en las lomas enmarca la escena al ponerme de pie frente a ti, aunque no pueda verte. Extiendes una mano, pero no puedo verla. Tus dedos tratan de alcanzarme acuciantes por la lejanía que nos separa. Lágrimas vacías y decoloradas surcan mis mejillas al ver el vacío con tu reflejo en él. Te doy la espalda y regreso a esa vieja casa y al despertar en una bulliciosa ciudad que nada tiene que ver con esta ensoñación. Quieres acercarte suplicante y desesperado, pero tus pies permanecen sujetos al suelo al final del camino. De pronto, como si escuchara el pulso de la sangre en tus venas, me detengo. Sin voltear a ver lo que sé que no estará ahí, digo:

―Siempre te encontré en el rasgueo de las guitarras del norte de las llanuras de Tennessee. Extrañamente te asocie a los campos de Farragut con el verde esmeralda, reflejo de un azul zafiro, recordándome la luz de tu piel. Siempre fuiste taciturno, nocturno, misterioso, seductor, jovial cuando no te dabas cuenta… nunca pude verte en las pesadillas de tu alma, pero sí en los pastizales de mis sueños―. Me detengo un momento y esbozo una sonrisa y una risa ligera sale de mis labios al recordar la contradicción que estoy trazando en palabras―. Nunca te imagine en neblinas ni oscuridad. No fui capaz de concebirte en medio de las fauces de la oscuridad. Tal vez representé un sol para ti porque me sentí así siempre, pero esa luz puede ser engullida por la oscuridad. Ojalá pudiera. Ojalá pudieras escuchar lo mismo que yo y te dejaras llevar por las voces roncas y las guitarras terrosas de Tennessee. Ojalá pudieras ver que yo quise estar contigo, pero no sé quién eres y no puedo verte fuera de estos campos. Te imagine atado a mí, pero ¿Me dejarías ser libre para saltar cuando el viento me llamase? O, mejor aún, ¿Irías tras de mí para atraparme y tumbarnos juntos sobre esta alfombra verdosa teñida de anhelo? ¿Bailarías conmigo bajo la lluvia al tono del country y dejarías que mis manos se hundiesen en tu cabello? ¿Disfrutarías las palabras de las canciones y me besarías con el agua escurriendo entre nosotros por la tormenta?

Te quedas parado, ahí, sin decir palabra. No, sé que no hay nadie al final del camino. Le hablo al viento que acaricia mis rizos azabaches y vuelvo sobre mis pasos, los mismos que me llevaron al comienzo del camino.

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