Un Vistazo en la Neblina



    Hay quienes pueden preguntarse si todo lo que escribo es real y verdadero. Hay quienes me han dicho que parezco tener una buena vida, hermosa, maravillosa. No todo lo mostramos ¿Me equivoco? No, por supuesto que no me equivoco, hasta el más honesto de todos tiene algo que esconder, algo que no quiere que los demás vean porque es una parte de sí mismo que muestra vulnerabilidad. Después de todo el orgullo es parte de lo que nos hace llamarnos humanos. 

    Hace unos días alguien lanzaba unas cometas en el cielo con preguntas que esperan una respuesta, pero no sabía cómo contestar. Creo que deben ser contestadas desde el alma, sin pretensiones de ningun tipo, pero si con cautela para quien pueda encontrar una similitud conmigo.

    No alcanzo a entender cómo logro conectar con algunos de ustedes, si es que alguien lee lo que escribo realmente. Sin embargo, me dicen que logro conectar las palabras con el sentir, con las emociones que evoco y con las melodías que discurren desde mi cabeza hasta la punta de mis dedos sobre las teclas.

«¿Hay partes de ti que aún no podemos ver en este viaje interno?»

    Esta primera pregunta me saca una sonrisa porque es fácil de contestar, pero también me anima a preguntar ¿Cuánto han visto de mí realmente? Una juglar que vaga, no siempre puede mostrar todo de sí misma porque nunca tiene el tiempo suficiente para quedarse en un mismo lugar. Y sí, hay partes de mí que aún no se pueden ver, pero es porque no todo lo puedo transparentar en papel. Sin embargo, dejo entrever todo lo que puedo, comienzan a conocerme, denme tiempo para escribir más para ustedes y podrán comprender la complejidad que tengo, tan parecida a muchos de ustedes.

«¿De dónde viene más tu inspiración? ¿Es el aire tranquilo y pacífico de los días lluviosos lo que te impulsa a escribir, o hay tormentas dentro de tu alma?»

    Siempre, o al menos cada vez que leo un libro que me atrapa, me hago la misma pregunta y la respuesta que concibo tal vez es la misma que siento para mí. Mi inspiración viene del alma, dejamos un trozo del alma cada vez que escribimos. Dejamos algo de nuestra esencia en lo que escribimos. Habrá quienes escriban por hacerlo ―simple curiosidad, tal vez el intento de ver si hay habilidad para hacerlo o quién sabe qué otras razones, cada mente es una laguna enorme con aguas profundas―. Pero hay escritores que escriben porque el corazón, la intuición, el destino, la vida, el alma, la mente (sea cual sea el motor) les dice que lo hagan, las experiencias pueden dictar el sentimiento que se desboca sobre unas cuantas líneas. No soy quién para juzgar el motivo de los demás para escribir. Pero mi inspiración viene de la melancolía y de todo lo que me rodea, viene del pecho que se estruja al ver una tarde de lluvia; viene de melodías complejas o simples que repiquetean en mi mente hasta que las saque sobre las teclas; viene de alguna ocurrencia que quiere ser sacada y leída por alguien que lo aprecie; viene de querer ser escuchada a través de metáforas y anécdotas que pueden ocultar algo. Admito que me gusta la idea de retar la mente de los demás escondiendo motivos detrás de escritos que pueden no tener relación alguna con lo que captan en la superficie. Y también las hay, hay tormentas en el alma. Todos las tenemos, pero me valgo de ellas para decirles a otros―: No eres el único, te escucho. Te escribo.

    Pero, por sobre todo lo que llevo diciendo en esta respuesta, la principal inspiración que me condujo a escribir la llevo tatuada en el alma. Fue una persona, una sola persona, que consiguió que yo encontrara lo que me hacía saltar de alegría al escribir y languidecer ante la melancolía de una tarde a lontananza. Espero que esa persona este orgullosa porque se convirtió en una inspiración invisible y tacita que siempre llevara su sello en cada cosa que escriba.

«¿Hay una melodía, un recuerdo o un paisaje que te hace querer salir a la carretera, tal vez un lugar al que anhelas volver o un rastro dejado del pasado?»

    Sí, siempre hay melodías, recuerdos, paisajes que me hacen querer salir. Ver montañas cortadas por carreteras de cemento, con barrancones en los laterales y el cielo enmarcando la escena. Hay lugares a los que quiero volver, lugares que trazan recuerdos sobre recuerdos que me traen anhelo. Soy una persona a la que le gusta perderse en el pasado, pero que también valora el presente y convertir este en una amalgama de vivencias pasadas con aroma a presente. Somos una composición de todo: cosas que pasaron, cosas que pasan, cosas que ocurrirán.

«¿Qué te parece saber que tu escritura hace sonreír a alguien? ¿Te descubres a ti mismo mientras escribes, o las marcas que dejas en los pensamientos de quienes te leen también remodelan tu propia historia?»

    Me sorprende. Encontrar a las personas diciendo que puedo sacarles una sonrisa resulta grato y sorpresivo. Se ha convertido en un regalo que atesoro y que me dice que puedo ser capaz de eso y de más. Me hace darme cuenta de que mi vida ha dejado un rastro en los demás. He dejado una huella sin darme cuenta, sin percatarme he robado segundos de alegría a alguien y eso me alienta a seguir haciendo lo que hago, sin esperar nada a cambio. Nunca he pensado que los demás puedan influir en mi historia, pero con el tiempo que he aprendido a conocer a las personas y ellas logran moldearme para crecer.

«Y una última pregunta: aunque digas que no responderás a nadie, ¿los ecos silenciosos de los demás te guían hacia un nuevo escrito? Tal vez algún día, esos ecos puedan traerte una nueva inspiración, ¿qué piensas?»

    Soy una persona que se deja seducir por el pasado. El eco de los demás siempre estará presente en mí, eso no cambiará. Y sí, todo lo que me han escrito, personas que se han quedado, que se han ido, tendrán su lugar en el estante de la memoria y podré rememorarlos en el futuro. Son como los libros, tendrán vida mientras alguien los recuerde. Como tú, Mehmet, que me has hecho preguntas que han sido gratas de contestar.

Para Mehmet:

La melodía de hoy:


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