Ninfa de Lluvia
Mis palabras pueden ser
simples algunas veces, otras pueden ser tan enrevesadas como las hileras de las
alfombras, tan diminutas que no se pueden distinguir entre los liosos diseños y
colores. Soy un lío hecho carne y enjaulada el alma esta entre la prisión
terrenal, pero así debe de ser. Ararat… vaya, hermosa palabra y penosa a la vez
¿Qué significas más que la solemnidad y el ramalazo de angustia en la punta de
la montaña? Yo soy así, soy neblina que se esconde en el vapor que se condensa
en las nubes y que aparece en días de lluvia arrojada sobre la tierra dura. Soy
tan silenciosa como rápida es mi lengua y mis pensamientos impresos sobre el
papel.
La mañana es gris, abovedada por nubes de mercurio que lloran sin verter agua sobre las cabezas que deambulan. El frío es punzante como el sonido de las cuerdas que suenan de fondo, cuerdas de seda que suenan bajo el rasgueo de dedos lastimeros. Ecos que gritan desde el horizonte y que cortan los rayos de sol que aclaran las sombras de plata nubosas. Ecos de lamento y de lontananza que acompasan el lloriqueo de quienes aún pueden ver algo entre las gentes que pasan. Ecos que rugen entre las montañas enlutadas por la sombra del sol que no las toca. Puntas de pino que cortan el horizonte y el viento que acaricia sus copos como el amante a la buena doncella. Viento del norte que trae… ¿Qué traes entre tus manos invisibles que tanto sonríen los rosales al ser acariciados por ti?
Una ninfa, un ave que se lamenta sobre el sillón de una vieja casa con lobregueces que no saben a tristeza ni a alegría. Ahí está, ahí está recostada mirando hacia el cielo apoyada sobre el cristal polvoso de la ventana. Se ahueca el ala y rasca las plumas que le queman, pero vuelve a mirar hacia el cielo. Las nubes se deslizan lánguidas y soberanas sobre su cabeza y fija los iris bermellón sobre las aves que pasan raudas. Qué sorpresa, grata sorpresa verlas posarse sobre el peligro de los cables y rascarse como diciendo: «el peligro es relativo, henos aquí donde ustedes gritan de dolor por la chispa del rayo, nosotros estamos tentando la guadaña de la muerte» Impresión, impresión, impresión, una ninfa yergue la cabeza desde el alfeizar de la ventana, sus ojos teñidos en cinabrio puro, veneno para ti y para mí, añoranza para ella.
Si, mis palabras confusas son, tanto que solo mi alma las entiende y las transcribe ¿Existirá el ser que pueda ver dentro? Existió sí, pero el mar lo arrastro con su espuma entre olas saladas… ¡Oh! ¡Solo tú lo entendías y te perdiste entre el laconismo de tu propio ser y me dejaste ir entre las corrientes de los ríos! ¡Mar y río éramos, pero reflejos de las mismas aguas! ¡No vuelvas si perderte quieres de nuevo! ¡No vuelvas si arrastrarme deseas con tu añoranza del pasado porque para eso tengo el mío!
La mañana se desvanece entre las gotas de lluvia que caen sobre las baldosas del jardín, las hojas lloran y ríen con el invierno. Una ninfa posada sobre el sillón, sonríe sin hacerlo y añora por quién nunca ha existido.


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