Enero
Despues de un tiempo,
el cielo gris se torna blanquecino como las motas de algodón que salen de los
cojines después de mullirlos para reposar la cabeza. El frío siempre es
presente en mi personalidad, quizá porque así la equilibro con el sol que sale
por las mañanas en este trozo de tierra en el que vivo.
Un piano exhala notas lánguidas y soñolientas, acompañado del fuelle que marca notas más joviales con aroma a tristeza. Hay quién pueda pensar que siempre estoy deprimida, es que quizá siempre esbozo líneas vagas que me hacen ensimismarme en cosas sin importancia para muchos y eso construye pensamientos grisáceos y opacos de alegría. Me encojo de hombros sin inmutarme en elevar mis pensamientos a tonos más dorados, pero los que me conocen saben que no siempre soy azulada con matices grises lluvia. No, es solo que a veces me pierdo en el pasado y eso me hace más propensa a sentir la perdida de lo que ya pasó y nunca puede volver a ser. Es típico de las personas querer regresar sobre los viejos pasos, como caminos de migas de pan, pero el tiempo es come esas migas que dejamos en el camino y no podemos regresar por ellas porque ya han sido engullidas por las fauces de la vida que transcurre.
El piano sigue cantando, trazando pensamientos y escenas cenicientas en mi cabeza, como escenas de peliculas que se proyectan con granulosidad del olvido y que nos aportan los años. Hay frío de nuevo en esta época del año, creo que siempre siento frío, aunque afuera el sol sonría sobre los tejados de esta ciudad con resquicios de pueblo viejo. Oh… entonces suena un viejo acordeón que abraza con sus notas y acordes liricos, danzando un vals que no conozco y que las aves en el balcón hacen de coro con sus trinos. Golondrinas de pecho azul que vienen con la lluvia esporádica de enero. Creo que piden alimento matutino y, dentro de unos minutos, saldré a esparcir semillas por el jardín. Fieles compañeras y visitantes asiduas que me llenan de alegría el corazón al verlas posarse sobre la alambrada y canturrear con sus pechos hinchados.
Ha iniciado el año, pero para mí solo es el pasar de los días y nada cambia salvo, quizá, el sentimiento de que seguimos respirando un aire distinto porque nosotros adquirimos más vida o nos desvencijamos por el pasar de la existencia. Vaya devaneos los míos, confusos para quienes me lean y quizá, solo quizá, algo entendibles para quienes escuchen el piano y el fuelle del acordeón y sientan que el soplo de estas tierras, de donde escribo, les da una pequeña vista de esta alma que apenas si puede esbozar líneas que salen galopantes a través de dedos inquietos.
La melodía de hoy:

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