Ojos Nubosos

Foto de Brian Stalter en Unsplash

El viento sopla fuera de la ventana, pero el clima es caluroso y casi agobiante ¿Qué sucede con el tiempo últimamente? Me inclino sobre una de las macetas, ubicada en una de las esquinas de la sala. Sigo esparciendo agua sobre las hojas y las limpio con un paño seco. Tomo cada una de ellas y me concentro en lo que hago. Mientras veo las betas de las hojas, palpo su textura suave y mi cabeza comienza a volar. Me recuerda a su cabello largo cayendo sobre mi rostro, suaves, fríos y seductores. Me pregunto ¿Cuándo aparecerá de nuevo? esto me resulta muy desconcertante, pero... otra parte de mi lo encuentra emocionante. Solo temo salir lastimada, si me dejo llevar por esta situación, puedo salir muy herida.

Meneo la cabeza, ahuyentando sus palabras, su tacto y su aroma. Sigo en lo mío, pero de la nada siento su presencia fría en mi espalda. Sus brazos fuertes rodeándome mientras posa su cabeza sobre mi hombro―: Hola, extraño― digo nerviosa, mientras mi piel se emociona al sentirlo tan cerca.

No hay respuesta, solo su tacto glacial y su presencia posesiva― ¿No preferirías sentarnos? estando inclinados podemos cansarnos la espalda― sigue sin responder. Es como si, con su silencio, yo pudiese captar que algo ha sucedido con él― ¿Qué sucede? ¿Ha ocurrido algo malo? ¿Por qué no quieres contestarme? ―. Me giro y le veo desolado, casi como si su mirada estuviese muerta. Me atemorizo y le cojo de las manos guiándolo hacía el sillón, pero me detiene.

―No. Solo quiero estar cerca de la ventana― con preocupación contenida le guio hacia la ventana y nos sentamos al pie de esta, dejando que la brisa se deslice entre el cortinaje. Entiendo que no desee hablar, así que nos quedamos, hombro con hombro, apoyados contra la pared tibia. Volteo a verle y tiene la cabeza inclinada hacia atrás con los ojos cerrados. De pronto me invade un temor por verle así, me preocupa y no me agrada ver que se sienta impotente, triste... desértico. Mantengo mi mano entrelazada con la suya sobre su regazo, pero le siento ausente―. Esto no es suficiente― le escucho decir entre susurros. Se debate entre acercarse y no hacerlo, dudoso de mi reacción, pero veo que se contiene y se mantiene en su posición. Estático. 

         Cojo el móvil y busco algo de mi cantante favorito de habla china, con una dulce voz en mandarín, acompañada por el eco de unas cuerdas, melancólicas y sutiles, de una guitarra que suena al inicio. Dejo el móvil a un lado y veo que se relaja, pero parece no ser suficiente. Apoyo la cabeza sobre la pared, dudosa sobre lo que debería hacer. La canción sigue sonando y me estremece porque es la canción que suelo utilizar para imaginar a mi guerrero oriental. Un sueño que, con certeza, sé que nunca se cumpliría―. Tengo familia en China ¿Sabes? ― volteo a verle sorprendida ¿Cómo supo lo que estaba pensando? ―Por eso me gusta tener el cabello atado en una coleta―, dice sin abrir los ojos. Veo que su pecho sube y baja pausadamente, pero se inclina sobre sus rodillas y el ambiente se torna pesado. Decidida, me acerco y tiro de su mano. Levanta la cabeza y me mira fríamente, preguntándose lo que quiero hacer.

―Adelante. Recuéstate sobre mi regazo si prefieres―. Se le iluminan los ojos y me estremezco al ver ese brillo de lluvia.

― ¿Segura?

―Claro. Si de esa forma puedo reconfortarte puedes hacerlo―. Suelta mi mano y recuesta su cabeza sobre mis piernas, colocando su mano derecha en mi espalda y la otra sobre sus ojos. Comienzo a acariciar su cabellera oscura; es suave como las hojas que había estado tocando hace unos momentos. Me recuesto de nuevo y nos quedamos dormidos en esa posición.

Cuando me despierto, escucho las gotas de lluvia caer sobre el césped del jardín. Comienzo a cobrar consciencia y veo fuera de la ventana. Esta diluviando, pero el calor se ha calmado. De pronto, siento que alguien me arrastra hacía el piso y quedo bajo una presencia imponente―. Pensé que no despertarías nunca― dice mientras me mira con un mechón de cabello cayéndole a un costado del rostro. Extiendo la mano y se lo recoloco. Se acerca a pocos centímetros de mi rostro y susurra ―Si pudiera, en estos momentos te atraparía con mis labios. Porque lo que has hecho esta tarde, ha sido lo más maravilloso que alguien hubiese hecho por mí―. Desconcertada y con tristeza en el pecho paso mi palma sobre su mejilla, observándonos profundamente― ¿Puedo pedir algo más? ¿Podrías concederme eso? ―pregunta con cierto temor de mi respuesta.

―Pide y veremos qué se puede hacer― respondo precavida. Sonríe y se acerca a pocos milímetros de mis labios. Deseo que no se contenga porque puedo sentir su tacto y a la vez no puedo.

―Déjame quedarme esta noche. No pido más, no quiero estar solo esta noche― levanto una ceja dubitativa de sus intenciones, pero sonríe maliciosamente―. Tranquila brujita. No haré nada que tú no quieras, sin embargo, sé que lo deseas tanto como yo― me estremezco y nerviosamente aparto el rostro. Él disfruta mi reacción y se ríe socarronamente ―No deberías ofrecerme tu piel tan tersa, porque no podría resistirme― rápidamente me levanto y le ofrezco una mano para esquivar lo que acaba de decir.

―De acuerdo, puedes quedarte esta noche, pero no es lo que piensas, ni pediré lo que quieres― digo tratando de sonar sería y rotunda. Se acerca y me toma de la cintura.

―Algún día sucederá, preciosa, y seremos muy felices―. Me alejo mostrándole el camino a la planta alta.

Estando en el segundo piso le guío hacía la habitación de huéspedes, pero me ve, reticente, con aires de ofendido― ¿A esto te referías con que podía quedarme aquí? ― le veo desconcertada.

― ¿Pues qué pensabas? ¿qué te invitaría a mi habitación? Eso sería muy riesgoso. Es todo lo que puedo ofrecer por el momento― digo inocente. Se gira sobre sus talones y entra en la habitación. Sin esperar a que le indique los servicios. Me cierra la puerta en las narices dejándome sola en el pasillo. Creo que le hice enfadar, pero no iba a dejarle estar cerca por mucho tiempo porque no podría resistirme a él.


***

Aquí terminan los viejos escritos del diario... ☺


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