Recuerdos de Humo
El
sol entra por la ventana, o al menos eso me parece. ¿Por qué tenía que dejar la
cama frente al ventanal? me arremolino debajo de las sabanas y atrapo a mi
gatito de peluche. Lo coloco junto a mi pecho y quiero seguir durmiendo, pero
es misión imposible. Finalmente me levanto refunfuñando― ¿Contento? ya me levanté.
Contigo no se puede― hablo hacía la ventana donde se ve la silueta
resplandeciente del sol. Me siento sobre la cama y veo mis piernas desnudas. De
pronto recuerdo lo sucedido la tarde anterior. Me había quedado dormida a un
lado de la ventana, mientras una lluvia torrencial lavaba las calles, pero...
muevo la cabeza para despabilarme―. Eso fue solo un sueño―. Me levanto de golpe
y comienzo a alistarme ¿Cómo pudo sentirse tan real? me coloco unos vaqueros y
cuando estoy a punto de ponerme un sudadero― ¡Maldita sea! pero se sintió tan bien.
Me gusto, y deseaba que fuese real―, me muerdo el labio inferior anhelando que,
lo sucedido en la tarde de ayer, fuese tan palpable como el sudadero que estoy
apretando en las manos.
Bajo
las escaleras saltando de escalón en escalón―. Hoy estoy de buen humor. Si eso
fue un sueño, al menos se sintió muy bien―. Me adentro a la cocina y comienzo
poniendo una tetera con agua en la lumbre. Tomo un par de manzanas de la
canasta y las coloco sobre el lavabo. Saco yogurt del frigorífico y un cuenco
pequeño de la alacena juntamente con un frasco de granola. Tomo el móvil y coloco
una canción de Lily Rose, Seein’ Blue, en la bocina que tengo sobre el
microondas. Comienza la guitarra con ese eco de cuerdas tan, tan... tan ¿Country?
Sigo mi camino hacia el lavabo y comienzo a lavar las manzanas, las coloco
sobre la isla y saco tabla y cuchillo. Comienzo a cortar las manzanas mientras
canto al compás de la voz femenina. Termino de cortar y dejo los trozos en el
cuenco. Escucho el silbido de la tetera y me acerco a la lumbre. Apago el fuego
y coloco una bolsita de té rojo en una taza grande y vierto el agua caliente
que suelta un precioso halo de humo, bailando como yo. Dejo la taza a un lado y
sigo en lo que estaba haciendo. Vierto yogurt sobre las manzanas y sigo moviéndome
al ritmo de la guitarra, muevo un brazo sobre mi cabeza y muevo mi melena
seductoramente. Vierto granola sobre el cuenco con yogurt y dejo el desayuno a
un lado. Comienzo a retirar los utensilios que he usado y los coloco sobre el
lavabo. Tomo un paño limpio y remuevo toda suciedad que pude dejar sobre la
mesa. Guardo la granola y el yogurt en sus respectivos sitios. Me dirijo hacia
los platos sucios y comienzo a lavar. Mientras siento el agua fría caer sobre
mis manos, recuerdo el tacto de ayer y me chispea la piel. No puedo quitar su
imagen ni su tacto de mi piel. Si aquel hombre imaginario me está viendo, pues
quiero que disfrute y siga deseándome en mi rutina cotidiana. Suelto una
sonrisita y canto―: Blue neon burning on the wall in the same shade as her eyes―
suelto mientras encorvo la espalda hacia atrás, dejando que mi cadera se
estreche contra el gabinete del lavatrastos.
Me
encuentro tan ensimismada en mi actuación que no caigo en la cuenta de que
alguien me ha dado la vuelta y me tiene con la espalda dando contra el gabinete,
hasta que veo sus ojos― ¿Tú? ―articulo entre temor y emoción. Suelta una
sonrisa, estirando ligeramente esos labios que vi la noche anterior,
haciéndolos ver más finos.
―Mi
preciosa brujita ¿Por qué me provocas así? ―sigo atónita con los ojos clavados
en los suyos. Es más atractivo viéndolo a plena luz del día, pero eso no es lo
que me estremece. Hombres guapos, he visto muchos, pero él... tiene un aire de
pertenencia. Como si yo le perteneciese y encajara bien en sus manos, sus
brazos, sus piernas, sus labios, sus ojos. Suelta una pequeña risa, ronca y
profunda como me gusta―. Veo que te tengo encantada―, dice vanidoso. Parpadeo
ligeramente y aparto el rostro, sin embargo, siento que su aliento cálido y
mentolado se acerca a mi cuello, cosa que hace que me tense al instante. Le
escucho decir cerca de mi oído―: Pero no sabes que eres tú quien me tiene
encantado a mí. Esas caderas, esas piernas, esos brazos, esa melena, esa
sonrisa, esos ojos, esa preciosa voz que deseo escuchar cada vez―. Trago con
dificultad sin entender bien qué estoy haciendo. Pasa sus nudillos sobre mi
cuello y llega hasta mi barbilla, acariciando mi piel mientras siento que deja
un rastro de calidez donde se han posado sus dedos―. Tienes una piel muy suave.
Tan suave como la caoba―, sigo derretida en su tacto hasta que siento un ligero
pinchazo en la espalda que hace que respingue. He dejado el cuchillo muy a la
orilla de la encimera. De pronto me doy cuenta de todo esto. Me dolió, así que
no es un sueño. El dolor no es tan real en un sueño ¿O sí? Me aparto
rápidamente y me hago a un lado alarmada porque me he dejado tocar por un
perfecto desconocido.
― ¿Quién
rayos eres? ¿Y qué haces en mi casa para empezar? ―me mira divertido mientras
se apoya en la isla― ¿Cómo pudiste entrar? ¿Por qué te acercas con tanta
confianza a mí? ¿Nos hemos visto antes o…? ―Menea la cabeza paciente, luego
apoya sus manos hacía atrás, sobre el mármol.
―Como
siempre, eres demasiado curiosa e impaciente, pero eso me gusta―. Frunzo el
ceño y le veo con cara de no comprender―. Sabes perfectamente quién soy, solo
que estas molesta conmigo y me estás jugando una mala broma―. Muevo la cabeza
negando, afirmándole que no tengo idea de quién es. Se vuelve a acercar, pero
esta vez retrocedo a cada paso que da. Me decido a salir corriendo de la
cocina, pero él es más rápido y me atrapa del brazo. Me lleva hacia su pecho y
dice―: no. No te dejaré ir. Si no nos conociéramos, no sabría que parte de tu
cuerpo es más fascinante o cual es más débil a mi tacto. Sé que te incomoda que
te tomen por la cintura―. Volteo a verle y me quedo sorprendida ¿Cómo sabe eso?
―Pero cuando lo hago yo...― siento que sus manos se posan a ambos lados de mis
caderas, atrayéndome hacía si― bueno, simplemente te derrites y te dejas tocar―.
Entonces me doy cuenta que tengo plantadas mis manos sobre su pecho. Le siento tan palpitante como la noche
anterior.
Me
suelta y me deja confundida en mi lugar―. Creo que deberíamos comer algo primero,
después podemos hablar―. Le veo llevar el cuenco con yogurt y dos tazas de té
en una bandeja―. Vamos linda. No quieres que el té se te enfríe, después de
todo no te gusta frío― me parece sorprendente que sepa esas cosas sobre mí.
Salgo de la cocina y le veo sentado en la mesa de madera. Me señala una silla
junto a él. Reticente tomo el asiento que me señala y me ofrece mi taza de té y
una cuchara―. Comamos como de costumbre. Adelante, después de todo tú lo
preparaste―. Le veo dudosa y tomo una cucharada de yogurt―. Tú y tus hermosas
caderas―. Me atraganto al escucharle decir eso. Me había estado observando.
― ¿Siempre
eres así de indiscreto? ―digo recomponiéndome, pero no deja de reír ante mi
reacción.
― ¿Qué
esperabas? ¿Que fuese indiferente contigo? pero si tú y yo tenemos una larga
historia por delante.
―No
entiendo lo que sucede ¿Historia? no comprendo a lo que te refieres.
Sinceramente no sé quién eres y no creo que sea conveniente que estés aquí―
algo irritado deja la cuchara a un lado con suavidad. Me mira con esos ojos
glaciales y, sin darme cuenta, atrapa mi mano con la suya.
―Soy
el que siempre has esperado. Por quien anhelabas tener a tu lado. Soy ese a
quién extrañabas sin razón. Sé que he estado ausente por demasiado tiempo, sin
aparecer cuando más me necesitabas. No tienes idea de cuánto deseaba llegar
hasta a ti y no permitir que te siguiesen lastimando, pero no podía. Me sentía
como un cobarde e inútil. Ahora estoy aquí porque, por decisión de la vida,
este es el momento para estar contigo. Tú no podías saber que yo existía, ni yo
que tú también, pero... ambos estamos frente a frente. Puede que no conozcas
mucho sobre mí, tengo la culpa eso lo reconozco, pero yo de ti sí. Y tenemos
suficiente tiempo para conocernos. Permíteme estar contigo cuando me necesites
y déjame acudir a ti cuando más te desee y necesite.
Me
quedo pensativa, sin saber qué decir o hacer. Aprieto la manga de mi sudadero
con la mano libre, nerviosa por no saber qué decirle. Me gusta, pero no puede
ser tan fácil como dice. ¿Cómo puedo confiar en él? es prácticamente un
completo desconocido.
―Te
debates contigo misma, y quieres escuchar a la razón. Esa cualidad tuya es de
mis favoritas, pero por esta vez no lo hagas―. Le observo y trato de pensar más
asertivamente. No quiero dejar pasar esta oportunidad si es la indicada. Cuando
comienzo a hablar él me interrumpe― no sé lo que me dirás, pero quiero decirte
esto: siempre has creído que la vida es corta y que debemos vivirla
intensamente antes de que se acabe. No quiero que esto se nos vaya de las manos
porque fuimos precavidos―, pero si ser precavido evitara que metamos la pata
sin poder sacarla― ¿No crees que eso no es realista? quiero decir…
― ¡No
te conozco! ―digo sin dejar que termine de hablar. Sonríe maliciosamente y se
acerca.
―Pero
eso no ha sido impedimento para sentirnos tan íntimos. Apuesto lo que sea a que
he sido el primero en tocarte así en estos dos días―. Me sonrojo y me sorprende
la confianza que me demuestra ¿Tendrá practica o es que solo lo es conmigo?
Comienza a reír―. Esa cabeza tuya debe estar pensando demasiado porque no dejas
de fruncir el ceño. No, no me atrevería a ser tan íntimo con alguien si no le
quisiese― ¡Querer! pero si nos acabamos de conocer.
―Espera
un momento―, le detengo porque no pienso dejarme llevar por el corazón―. Solo
míranos. Somos dos desconocidos que no saben nada del otro. Ni siquiera sé tu
nombre y francamente no creo que sepas el mío―. Apoya su brazo sobre la mesa y
se acerca más.
―Sé
muchas cosas de ti. Es verdad, no sabemos el nombre del otro ¿Y qué? sé todo lo
demás sobre ti―. Volteo hacía un lado en forma de burla, diciéndole con gestos
¡Si claro! él me ve ofendido y me toma del brazo para acercarme más a él―. Sé
que te gustaron mis ojos. Sé que te gusta sentirte protegida. Cada vez que
llueve te sientes triste pero cómoda. Te gusta bailar sin que nadie te vea y
cantar es lo mismo. Te gusta dibujar, pero al principio lo detestabas. La
música para ti, es como el aire para los pulmones, es imprescindible. Si pudieras,
en estos momentos dejarías que cualquier melodía suene entre nosotros dos. No
tienes una flor favorita, te gustan las flores del campo. Te gustaría saber
cabalgar, pero aún no has tenido la oportunidad. Te gustan los perros, pero
preferirías un gato, sin embargo, los perros son más divertidos, como tú. No te
gusta la cebolla, pero no tienes una comida favorita tampoco. Aprendiste artes
marciales y tienes un lado temerario, si hubieses querido me hubieras pateado
en cualquier momento. No usas tacones porque no los soportas, te crees menos
femenina para usarlos, pero a mí me encantaría vértelos puestos. Tejes en crochet,
pero aún eres una principiante. Te encantaría hacer locuras conmigo y vivir la
vida vigorosamente, conmigo claro. Tu país favorito es Escocia y deseas
encontrar al highlander de tus sueños, pero eso no lo voy a permitir. Te gusta
la ropa vieja y te hace feliz. Arrugas la nariz como un conejo, sabiendo que
eso me estremece ¿Quieres que siga? ―le veo atónita ¿Cómo es que sabe tanto?
―Es
imposible que sepas tanto sobre mí y yo nada de ti. ¿Quién eres? ¿Cómo sabes
todo eso? ―Se levanta y me guía hacía el sillón de la sala. Me tiene agarrada
de la mano, con ese tacto frío y suave que le caracteriza.
―Si
te lo preguntas, nunca he tocado a una mujer como lo estoy haciendo ahora.
Siento que puedo romperte en cualquier momento, y eso no lo soportaría― sigo
sin decir palabra, porque honestamente me encanta su voz―. Por cierto sé que te
gustan las voces ¿Me pregunto qué pensaras de la mía? ―me sonrojo y estoy a punto
de decir algo cuando… Suelto un pequeño grito de sorpresa cuando me arroja
sobre el sillón y me acorrala con su cuerpo.
Estoy
entre el sillón, a mi espalda, y su cuerpo frente a mí. Sus manos se ponen a
cada lado de mi rostro y coloca una pierna en medio de las mías. Se acerca lentamente
para que pueda olerle. Romero y salvia―. También sé que te gustan estos aromas
y yo no estoy en desacuerdo―. Sigue acercándose y topa su frente con la mía,
trasladando una de sus manos a mi cadera―. También sé que siempre has deseado
que alguien te atrape de esta forma, que te seduzca de este modo, y yo no estoy
en desacuerdo―. Trago fuertemente ante semejantes declaraciones. Finalmente me
rindo y entrelazo mis manos en su cabello. Es largo y sedoso. Acerca lentamente
sus labios hasta que se detiene a medio centímetro de los míos―. Deseo besarte
como ambos deseamos, pero tengo que esperar―. Me desconcierta, pero me aprieto un
poco más a su cuerpo, gruñe― ¡Oh! preciosa. Desearía poder hacerlo ahora mismo,
pero... lo arruinaría todo si lo hago. He esperado por mucho tiempo y creo que
un poco más de tiempo no puede hacerme daño. Tenemos que esperar hasta que te
sientas atraída por mi interior, y no tanto por el exterior―. Me aparto
ligeramente y veo que se debate entre la razón y el deseo. Quiere que sienta lo
mismo que él.
―Me
atemorizan los hombres como tú― susurro sobre su rostro. veo que se siente
ofendido―, pero no quiere decir que sea indiferente. Eres apuesto sí, pero, por
si no te has dado cuenta, has hecho que tiemble solo con tu respiración, con
tus palabras y con tu presencia―. Me ve con una chispa de ilusión en los ojos y
dice―: Entonces vamos por buen camino―. Se tumba sobre mí y nos fundimos en un
abrazo. Esto es lo más loco y extraño que me ha sucedido, pero... ¿Qué podría
perder?


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